lunes, 14 de febrero de 2011

La Frivolidad como Signo de Época


En las calles de New York nadie aceptó los choclos que ofrecían Warhol y Minujín luego de su performance fotografiada que simulaba y se titulaba de lo mismo que simulaba, es decir, «El Pago de la Deuda Externa».
Era 1985. Argentina venía de una dictadura militar durante la cual su deuda externa había aumentado en un 700% (de 7 mil a 231 mil millones de dólares) y hacía ya varias décadas que había dejado de ser "el granero del mundo": esos choclos servían nada más que para un intercambio simbólico en el marco de un happening de estética pop entre dos seres de facciones plásticas.

Dice Minujín al respecto:
Llevé todos los choclos, hice una montaña, pusimos dos sillas y nos sacamos diez fotos. Yo agarraba el choclo, él subía, yo se lo ofrecía y él lo aceptaba. Así la deuda externa quedaba paga. Pensando que yo era la reina del pop por estos lados y él, el rey del pop por allá, tenía sentido que saldáramos la deuda. Después regalamos los choclos firmados a la gente. Esa fue la última vez que lo vi. Murió dos años después.

Su versión es que los firmaron y los regalaron, pero otras voces menos comprometidas dicen que nadie los aceptó en las calles de Manhattan. F. se reía al preguntarse «y quién iba a aceptar esas mazorcas», usando precisamente ese término extranjerizante y de película doblada al español.
Me cuesta creerle a Minujín y lucho contra ese impulso. El encuentro con Warhol, y que se jacte de ello, me resulta de una veracidad tan sospechosa como la llegada del hombre a la luna en 1969.
R. estuvo de acuerdo conmigo e incluso dudamos en stéreo de sus encuentros con Janis Joplin, Jimmy Hendrix, John Lennon y Yoko Ono. Decir "tomó contacto con" puede entenderse como que coincideron en una fiesta o vernissage de pura casualidad. Pero si de verdad "tomó contacto", ¿es necesario alardear de ello? ¿Podría la imagen de Marta prescindir de estos datos y, sin embargo, conservar el prestigio?

Anoche L. me comentaba de una película que había visto, y que no recuerdo el nombre, en la cual -una vez muerto- se medía la permanencia de las personas en un purgatorio a partir de la cantidad de "miedo" que habían experimentado en vida. «Así, los más corajudos permanecían en ese purgatorio por menos tiempo», explicó L.
Ni un mísero minuto hubiese permanecido Minujín en ese purgatorio, y eso es lo que admiro, independientemente de que su mayor miedo parece radicar en sacarse las gafas y poner en vista de todos sus ojos azuzados por el tiempo.

domingo, 13 de febrero de 2011

Cenicienta advierte: «Yo les dije»

Mi amiga está a meses de casarse y me escribe para contarme lo bien que se lleva con su novio y lo feliz que está de haber encontrado la horma de su zapato. Claro está que con esa frase está refiriéndose a su futuro esposo y no a que ahora las botas le calcen mejor que antes.
Las sucesivas experiencias que acumulo en mi haber me explican que el amor se jacta justamente de no ser racional, sino algo que, a pesar de ser susceptible a centenares de acepciones, simplemente se siente. Ahora, a partir de la afirmación de mi amiga, pude sumar una nueva categoría de interpretación de este fenómeno: el amor también puede definirse a partir de la utilidad de los pies.
El enamorado pierde la cabeza, deja de usarla y se deja llevar por todo aquello que escapa a la razón obedeciendo sólo a la emoción que le provoca el vínculo con otro. Entonces comienza a cobrar protagonismo el resto del cuerpo y todo lo que éste implica en cuanto a realidad empírica. 
El enamorado se vuelve vanidoso, cada espejo es una confirmación de su unicidad y hasta considera un cambio de look que combine con su permanente sonrisa. 
El enamorado practica gestos, pretende lanzar una mirada más profunda que la magnum de Derek Zoolander y estudia distintas maneras de tomar de la mano a su otro. 
El enamorado deja de usar la cabeza, empieza a usar los pies. Los mismos que van a trasladarlo hasta ubicarse bien cerca del objeto de su afecto e incluso van a permitirle patearlo cuando ese amor se acabe.
Pero al momento de identificar la horma del zapato no se juzga el tamaño, el color, ni siquiera la durabilidad; aquella que de forma y contenga es suficiente, y el enamorado es dotado de un andar tan ligero que avanza suspendido, como si los pies tampoco fuesen ya necesarios.
El príncipe depositó la expectativa de encontrar al amor de su vida con sólo probar en el pie de una tal Cenicienta un zapato de cristal. Ella se lo probó y calzaba a la perfección, pero no fue el zapato el que se amoldó al pie, sino que éste se amoldó al zapato, deformándose y acomodándose a sus posibilidades que, a juzgar por el material, habrán sido bastante limitadas.
El pie es la realidad y de cristal es la fantasía que se rompe en cuanto se empieza a caminar sobre ella, ya que no soporta el peso y se hace añicos apenas se la pone a prueba de la luz y la razón. Uno se pregunta, ¿será realmente la horma de mi zapato? Prueba y verás. Caminemos de puntillas y que no se rompa el cristal.


Publicado en Dadá Mini #7 - «El que no usa la cabeza, usa los pies» - 2009

Deje Su Mensaje Después del Tono

De una pantalla a la otra y así sucesivamente. Las prácticas comunicacionales actuales se ven dominadas por el fenómeno de la escritura en desmedro de la otrora valorada oratoria. Hoy, las relaciones pueden archivarse en una conversación de chat o en la memoria de un celular, a través de los mensajes de texto que proponen incluso una verbalización particular y específica del medio que, muchas veces, sucumbe en una abreviatura tal que es imposible decodificar. Se evidencian de esta manera errores ortográficos, niveles culturales y códigos de escritura que distan leguas de asemejarse a las cartas escritas a mano de antaño. Cartas eran las de antes, dirá algún aficionado al correo o un amante de la correspondencia sellada con cera y no precisamente de oreja.
Proclamo el escapismo absoluto a la conversación propiamente dicha y ni qué hablar del cara a cara, que es actualmente la instancia final, casi como una reducción al puro maquillaje que subestima el rostro verdadero.
La premisa es la de ser alcanzado en todo momento y en todo lugar culpa de estos dispositivos de comunicación.  Algo así como un GPS personal en el que la  única excusa a mano- real o inventada- es la de no haber tenido señal/ batería/ crédito para justificar la no respuesta. Es ese mismo silencio el que será luego reprochado y cuyo precio cotizará en bolsa haciendo caso omiso a las actuales subas y bajas de la misma. Conclusiones y elucubraciones propias del emisor pretenderán llenar ese vacío verbal para conducirlo a elaborar las teorías más
descabelladas en un intento por entender el porqué de esos malditos silencios.
La idea es no caer en una lógica comunicativa que, además de otorgar al acorralado receptor el mágico poder de la respuesta, refuerza la condición narcisista del hombre posmoderno que acaba corroborando la unidireccionalidad de un mensaje que promueve el individualismo gestionario cuando de comunicarse se trata. Sube el precio del silencio y lo que mata es no saber.


Publicado en Dadá Mini #6 - 2008

No Se Suspende Por Lluvia

“Los Díaz pasan volando”, era el remate del famoso chasco dividido en tres actos en el que cada uno de los integrantes de la familia pasaba en avioneta, helicóptero y hasta un parapente manejaba el más intrépido de la prole.
¿Y a dónde van los Díaz cuando llueve? Quizás a la misma cueva donde se resguarda la vieja o posiblemente se detienen cual extra del Chapulín Colorado tras el sonido de corneta.
Los Díaz declaran asueto y es entonces cuando una oportuna lluvia le permite a uno darse ciertas concesiones respecto a la agenda establecida y no sentir culpa por elegir una novela en la tele antes que un apunte o un libro para suspender la concreción de un trámite “urgente”.
Esa misma lluvia es la que justificará la práctica del más descarado ocio y la dedicación a las reflexiones más sublimes así como también a las más bajas e incluso subterráneas.
A su vez, la elección de vestuario se verá condicionada desde el momento en el que aparezcan las nubes cargadas, también lo hará la banda sonora en perfecta sintonía con el característico repiqueteo del descargo e incluso el catálogo de pensamientos se someterá al mismo criterio.
Aquello que predispone nuestro estado de ánimo de semejante manera será quizás la sensación de que este mundo hace agua por todos lados o más precisamente la impotencia de que el clima es algo que el hombre, a pesar de sus ambiciosas aspiraciones, aún no puede controlar. Mejor que así sea. Dejemos el esquema mental tal y como está y que no se suspenda por lluvia.

Publicado en Dadá Mini #5 - 2008

Palabras Incomprendidas


Las colecciono en un cuaderno compulsivo y me ocupo de agruparlas en caprichosas categorías tales como “sónicas”, “sensoriales”, “absurdamente cacofónicas” o “grandilocuentes y soberbias”. Así, poco a poco, van acumulándose en largas listas: minerva, bambú, estornudo, estalactita, expresso, vértigo, crisantemo, irreverente, escoria,  ribete, redundando, esotérico, ecléctico, babieca, bicoca, baqueta... “Una palabra, sólo una palabra”, rogaba Luis Alberto Spinetta desde el tocadisco.
Se me ocurre que, aquellos afectos al monólogo, entablamos todos los días diálogos que se van desarrollando a modo de un jazz, combinando tiempos verbales y entretejiendo conceptos cual rompecabeza improvisando a cada momento y en cada conversación.
La dinámica de las palabras y su modo de relacionarse y amalgamarse unas con otras es lo que convierte al diálogo en una forma de acción en la que se atraviesan universos de sentido para disputarse una idea. Hablando, estas ideas se mueven de un lado a otro, rebotan en techos y paredes, se estrellan y sortean los obstáculos de la acústica para finalmente incrustarse en nuestro aparato cognitivo y ser comprendidas en su significado lógico para aventurarse en ríos semánticos que fluyen en cauces retóricos.
Pero... ¿de qué estábamos hablando?



Publicado en Dadá Mini #4 - 2008

Me Quiero Por Eso Escribo

Mucho del afán de escribir proviene de esta idea de que lo que nos pasa y lo que pensamos es significativo e interesante... ¿o es que acaso lo que nos pasa y lo que pensamos deviene significativo e interesante porque lo escribimos?

Una vez agotada la amenaza de la inminente desaparición de la prensa y la literatura en papel a favor del formato digital, los suplementos culturales parecen haberse puesto otra vez de acuerdo para desarrollar el tema ¿por qué escribimos?, ¿cómo escriben los que escriben? y ponerse nostálgicos con aquel primer amor últimos ritos.

Así nos enteramos de que en tres palabras, Umberto Eco dice que escribe simplemente porque-le-gusta y Andrea Camilleri, porque es mejor que descargar cajas en el mercado central.
Pero mientras algunos otros esgrimen argumentos del tipo porque no sé hacer otra cosa y Carlos Fuentes hasta se anima a repreguntar ¿por qué respiro?, Lucía Etxeberría –de quien no he leído ni un solo libro- conmueve explicando que escribe para que la quieran más.
Es decir, escribe por amor.
Un amor que entrega y vuelve a sí misma en forma de reconocimiento.
Es decir, escribe por amor propio.

Qué pajero es Fogwill. Solo escribe 45 minutos al día.
Qué metódico es Alan Pauls. Escribe cual horario de oficina de 9 am a 5 pm.
Luis Gusman escribe rodeado de fotos de escritores, será el fetichismo.
Edgardo Cozarinsky llama “ideas peregrinas” a las cosas que va anotando a medida que oye o ve en la calle. Las mismas que cada tanto me persiguen y cuando llego hasta el cuaderno, se tomaron un subte y desaparecieron por debajo de la superficie.
Cuando Rodolfo Rabanal escribe con tinta negra sobre “esas páginas legendarias” de una Moleskine o una Talbot, le hace sentir que hasta es posible que escriba muy bien.
Me gustaría hacer como Luis Chitarroni que en la misma libreta donde escribe también hace dibujos, es que lo intento, pero de la única manera que me sale dibujar es con palabras.
También me gustaría hacer como Osvaldo Lamborghini que se sienta a escribir en bares, algo que jamás podría hacer Ana María Shua que se toma algo así como un litro y medio de cortados y explica: “necesito un baño cerca”.
¿De verdad queremos saber tanto sobre cómo escriben los que escriben?
Retomo la hipótesis, el amor propio mueve teclados.


martes, 4 de enero de 2011

Los Pies Descalzos No Son Sólo de Shakira


En Barrio Jardín Espinosa no hay veredas y caminamos por el medio de la calle. Las mismas que sin sus nombres no perderían ubicación geográfica ya que las referencias son «la esquina de Goya», «la casa de la loma», «las Monjas», «el pasaje» y «la plaza de Mamerto», entre tantas otras. Nunca nos preguntamos quién fue Cornelio Pino y no nos importó jamás que Inca Manco y Manco Capac hayan sido la misma persona y ahora, denominación para dos calles distintas.
Si andar en patas por la calle hubiese sido un delito, íbamos todos presos.
En primavera las flores lilas de Jacarandá se pegaban a la planta de los pies y los guardias de esos nuevos supermercados nos echaban de las instalaciones por escurrirnos descalzos entre las góndolas. En febrero, carnaval era una fiesta, no teníamos miramientos con nadie, ya sea por edad, condición física o elegancia: bombuchazos y baldazos para todo el mundo. Hasta teníamos identificadas las canillas que tenían dueños generosos y las que no.
Hoy hay dos Barrio Jardín Espinosa. El actual, ubicado "a sólo 10 minutos del centro", con countrys y barrios cerrados, con un mall lleno de locales comerciales, calles asfaltadas y en el que hay que mirar para los dos lados antes de cruzar.
Pero todavía nos queda el nuestro, donde la excursión al exterior dependía de un 50; donde un club de paddle fue un boom, pero no por su proliferación de socios, sino por la detonación de una bomba casera; donde era posible hacer unos pesos en Pascua vendiendo huevos puerta a puerta, a pesar de su dudoso chocolate; donde los humanizados perros estaban a la par de sus dueños y al mismo tiempo no eran de nadie; donde las barritas no ocupaban esquinas, sino plazas y luego adoptaban un nombre para escrachar las paredes con aerosol y que nos enteremos; donde una Lumina era en realidad un rastrojero que podía encenderse con una moneda, un cordón de zapatilla o un tenedor y donde el menú de la tarde eran criollos con coca.
El mismo barrio donde Carmelo repartía la leche, Chacho servía sus milanesas, Bruno pesaba su verdura y nosotros salíamos a callejear, por esa imperiosa necesidad de sacarnos las zapatillas y sentir el barrio a nuestros pies.


miércoles, 21 de julio de 2010

La Sensación Primaria a Todo Volumen


La importancia de las primeras impresiones. O bien, las sensaciones primarias.
Sin caer en el lugar común de que la primera impresión es la que vale y más allá del orden de los factores, que en este casi sí altera el producto, me refiero al sentimiento original a los que auténticamente produjo como reacción tal o cual situación.
Es decir... a ver... doctor, formú-le-me-lo.
La primera vez que uno conoce a alguien.
Quizás ni recuerda en la posteridad o quizás sí, y allí radica la importancia del ejercicio, ¿qué recuerda? ¿qué imagen tiene hoy de aquella persona?
La primera vez que lo vi a A. gusté de él porque me hacía acordar a otro chico que me había gustado antes. Hace poco volví a ver a ese chico que me gustaba antes y me hizo acordar a A., es decir, tomando al otro como referencia. Y pensé "ah... con razón".

Tenía 13 años. O 14, eso no es importante.
Me pasaba tardes enteras metida en mi cuarto rodeada de pinceles, acrílicos de colores, tijera, lápices Carandache, revistas y plasticola en barra. Confeccionaba y diseñaba tapas de CDs grabados que después regalaba a quien corresponda. La pasaba genial, por cierto.
Escuchaba el disco en cuestión y lo que me inspiraba era luego la portada que diseñaba.
Al tiempo abandoné el hábito y no recuerdo exactamente porqué ni qué fue lo que me hizo olvidar que disfrutaba enormemente de aquella actividad del collage y la pintura, independientemente que los resultados fuesen unos fiascos rutilantes.
Para mi último cumpleaños, mi hermano J. me regaló un libro enorme: "A Todo Volumen, Historia de Tapas del Rock Argentino". Fui fan. Recorriendo sus páginas se despertó dentro de mí toda esa sensación primaria que tenía archivada y tuve una oleada de felicidad puber.
A esa misma es a la que me refiero y sugiero no postergarla, porque es la original.

Son casi las doce y yo sigo tomando café en el bar frente a la oficina. Siempre me gustaron mucho los cafés del centro. Pasión heredada de papá que, cuando iba al primario en Santa Rosa y Fragueiro, me llevaba a desayunar con él al bar Sorocabana frente a Plaza San Martín.
Pedía lo mismo cada vez: jugo de naranja y tostado para mí, y un expresso y La Voz del Interior para él. Ahí va un recuerdo con sensación primaria incorporada.

Y no quiero que mi vida se parta al medio, quiero que se quede entera desde el comienzo hasta el final. El sentimiento primario es el fin último.
Gracias J., nadie nunca antes me había regalado un atisbo de sensación primaria, en formato lomo cuadrado.


¿Y quién es él?

Observad esta imagen.

Una mujer buscado o colgando su tapado en el closet.
El mismo closet del cual entra y sale gente constantemente.
Por ahora todo normal...

Pero si observamos con atención podemos notar en la parte superior izquierda un vello.
Vellísimo.


¿Lo ven?
Sí, ese es el vello cósmico que comportan muchas de las imágenes que tomamos sin ser conscientes del mismo.
¿De dónde sale? ¿quién es?
¿Un defecto de la emulsión?
¿Pelusa? ¿Gamuza se llamaba el simpático niño de Cebollitas?


Ese vello es un misterio. Un clásico también.
El día que sepamos de dónde salen quizás comprendamos el origen del mismísimo universo.
Mientras tanto los estudiemos, los busquemos, los conservemos para mostrarle a nuestros nietos: éste vello me acompaño a lo largo de mi álbum.
Oh, cuánta velleza.

martes, 18 de mayo de 2010

Se armó el Wikigate

TEXTO
Un texto es una composición de signos codificado en un sistema de escritura (como un alfabeto) que forma una unidad de sentido. Su tamaño puede ser variable, desde una obra literaria como "El Quijote" al mensaje de volcado de pila del kernel Linux.
También es texto una composición de caracteres imprimibles (con grafía) generados por un algoritmo de cifrado que, aunque no tienen sentido para cualquier persona, si puede ser descifrado por su destinatario texto claro original. En otras palabras, un texto es un entramado de signos con una intención comunicativa que adquiere sentido en determinado contexto.


No se me ocurrió nada para escribir, pero como ahora hasta los diputados copian de Wikipedia, he dado en considerar la autoproclamada "enciclopedia libre" como legítima fuente de conocimiento y susceptible de ser usada aún sin cita. Arrebato cara de gato y viva la improductividad intelectual.
Si no vean lo que hizo Gerónimo Vargas Aignasse de Frente Para la Victoria cuando tuvo que redactar una ley contra nada más y nada menos que el plagio y ya tiene su propia definición en la propia Wikipedia.
Quizás entendió que era pro plagio, ah no, pero PRO imposible.


lunes, 17 de mayo de 2010

Polaroids del Mundo Laboral

Necesito tanto los sábados que los viernes suenan a preludio de la libertad y ya me voy sintiendo pronta a salir corriendo. Me agarra tal desesperación por huir de la zona de luces de tubo fluorscente que a las 6 de la tarde me pican los pies. Así que los viernes voy a trabajar en zapatillas.

No saber bien si uno prefiere ser una alta ejecutiva en la Capital o dedicarse al cultivo de cannabis sativa en Capilla del Monte es el planteamiento de toda una generación.
Ser con cereales o postrecito Ser sabor flan casero.
Estoy en el medio, ahí con mi yogurcito firme sabor dulce de leche, ese que todos evitan en la góndola, pero que a mí me sabe a infancia en el barrio. Además son los únicos que no se roban de la heladera de la oficina que no es de alta ejecutiva ni revestida de luces para que la plantita crezca rebosante, sólo una heladera standard de pasillo compartido.

jueves, 4 de marzo de 2010

Reflexiones en torno al 18 de marzo

La hermana de mi amigo M. programó su césarea para el 18 de marzo y M. me escribe para preguntarme acerca de los pro y los contra de nacer ese día y si "está bueno o es medio moco". Jamás había pensado en eso realmente, pero es una muy buena pregunta.
¿Qué onda nacer el 18 de marzo?, o bien ¿qué onda cumplir años el 18 de marzo? Porque de nacer no me acuerdo nada.
A días de que ya sean 24 los años que sobrellevo el día significativo, creo que estoy en condiciones de sacar algunas conclusiones. Y de hacer un verso sin esfuerzo.

Mi análisis empezó por quienes cumplen ese día. Este fenómeno se hace extensivo a todo ser humano que se jacte de tener sentimientos, siendo que la hermandad emocional que implica el haber nacido el mismo día es ineludible y uno siempre recuerda a esas personas.
Entre los nacidos el 18 de marzo se encuentran grandes amigas tanto de mi hermana W., como de mi hermana V. y de mi hermano J. Pero a no confundiros porque no es la misma persona, lo cual es lo traumático de la cuestión, ya que todos los años los tres se debatían entre quedarse a festejarlo con su "hermanita" (es decir, moi) o con sus amigas. Desconozco los resultados.
Una compañera del secundario, el hijo de unos amigos de mi madre y mi ex jefe -al cual acusé de "desleal" por echarme sin ningún tipo de anticipación dado que "la crisis se comió a la empresa"-: en todos ellos también pienso durante mi aniversario porque compartimos la fecha.
Ahora bien, no me explico cuál puede ser la característica personal que me emparente, mistícamente hablando, con Gerardo Sofovich, el director de cine francés Luc Besson y Brandon Lee, hijo de Bruce Lee y actor estadounidense que murió en un accidente mientras filmaban "El Cuervo" . Estos seres también tuvieron la gracia de nacer un 18 de marzo, por lo cual mi conclusión es que me inclino por creer que ese día nació gente con una sensibilidad particular, algunos para unas cosas, otros para otras.

Haciendo un poco más de research me entero que un 18 de marzo erupcionó el volcán Vesubio en Italia, se produjo un terremoto en el Oeste de Turquía y se incendió una discoteca de Quezon City, Filipinas dejando como salgo 162 muertos.
El 18 de marzo de 1979, el futbolista argentino, Carlos Dantón Seppaquercia, convirtió un gol a los 5 segundos de empezado el partido, jugando para el Club de Gimnasia y Esgrima La Plata: el gol más rápido del fútbol argentino en el profesionalismo.
Tres descubrimientos: el asteroide Aralia en 1922, una momia de 4,400 años en la Gran Pirámide de Giza en Egipto y el primer enfermo de gripe porcina en México. Y un robo de película: 555 estatuillas Oscar antes de la ceremonia del 2000.

A partir de hechos fácticos difícil es todavía formarse una idea del carácter "moco" o no de nacer el 18 de marzo, y los ejemplos son muy disímiles como para formarse una idea del estereotipo de los nacidos ese día, por lo cual pasé a realizar un análisis micro y describir mis sensaciones particulares en carne propia:
No soy muy amiga del festejo cumpleañero porque me estresa a nivel emocional, me hago la que no me importa y es un día más, pero en realidad estoy alerta a absolutamente todo lo que pasa y suelo llorar o enojarme con algún ser querido. Quizás esto se explique por el principio zodiacal de los regidos por Piscis que son bastante sensibles - y algo pescados.
Una gran ventaja es el clima. 18 de marzo es aún verano, pero bastante cerquita del otoño, por lo cual generalmente hace un calorcito ameno que ni cerca se compara con los grados centígrados que acumulan enero y febrero.
Una desventaja es que suele ser de los primeros cumpleaños del mes y a uno lo agarra desprevenido, por lo tanto, solemos quedarnos afuera de las juntadas de plata para el regalo entre los compañeros de oficina porque "es marzo y nos estamos organizando". Peor aún es en etapa escolar si uno es nuevo en el grado: nadie te conoce y tuvieron muy pocos días para encariñarse, así que te festeja tu compañero de banco que te convida un pedazo de turrón y si es que.

Si es "moco" o no, todavía no lo sé.
Pero corroboré lo fuertemente interpelado que se siente uno al leer escrito siquiera el día de su cumpleaños, y lo mismo pasa con nuestros nombres. Son esas cosas que siento muy propias hasta que entro al Facebook de mi compañera del secundario y leo en su página "18 de marzo de 1986" y digo "ah bueno, al fin y al cabo que no soy tan especial".
Y me largo a llorar... soy sensible, soy de Piscis.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Tesista en Crisis Onírica


Un par de noches atrás tuve un sueño tan, pero tan fácil de dotar de significado que no intriga desde ningún misterio, sino que es un fiel reflejo de una serie de sentimientos encontrados por los que atravieso. Es decir, el sueño puso en imágenes lo que puedo explicar en palabras. Nunca una mejor metáfora para ilustrar la sensación de estudiante en proceso de tesis.

Entraba corriendo a una biblioteca luego de subir y subir una interminable serie de escaleras caracol.
Mi objetivo era sentarme a leer una serie de libracos para incrementar el marco teórico de mi investigación y a ese motivo se debía mi visita al lugar.
La biblioteca estaba ubicada en el último piso de un edificio altísimo, en un especie de salón - terraza sin paredes con un mobiliario a modo de bar: una barra, estates con libros en vez de botellas, unas banquetas altas e inestables y un bibliotecario que hacía las veces de barman literario.
Era a él a quien manifestaba el miedo que sentía de caerme al vacío desde un lugar tan alto o de que la banqueta se me rompa y terminar en el piso...
¿Habré estado borracha de conocimiento?

miércoles, 17 de febrero de 2010

Vagos Pensamientos (¿o por pensar uno deja de ser vago?)

Lo asumo, estoy re vaga para escribir porque estoy tapada de laburo.
Si esas son mis razones, ¿puedo seguir considerándome "vaga"?
¿O vaga sería si no me dedicase al laburo y me sentase todo el día a escribir?
¿Realmente disfrutará la hormiga su descanso luego de tanta labor o al segundo día le empezará a picar el "che, pero qué bien se la pasa la cigarra"?
Qué dilema.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Uno-Diez, por favor


A pesar de que siempre evité la tentación de escribir acerca de, las ya por todos conocidas, experiencias en el transporte público, los hechos se me arrojaron encima de modo tal que sucumbí y me fue, justamente, inevitable.
Hay que reconocer que subte, colectivo, tren y demás son, indudablemente, el espacio de socialización por excelencia donde se suceden situaciones que, si bien cotidianas, ponen sutilmente en evidencia tanto las mezquindades como las generosidades propias y ajenas y de los “conocidos” con los cuales tenemos que compartir el viaje (a veces todos los días y sin siquiera saludarnos).
Martín Caparrós alguna vez comparó el bondi con una coctelera y, ya dentro de un tranvía, Roberto Arlt "carpeteaba" el desdén con que una nena trataba a su novio cara de zanahoria a la que el autor aconsejaba estar atenti.
Definitivamente el transporte público causa sensación y acaba inspirando y siendo fuente de las historias más desopilantes.
Tres clases de experiencias fueron los puntapiés iniciales, que en realidad se convirtieron en algo así como sucesivas patadas.
Hace días que espero el 59 de vuelta a casa acompañada por la “Señora Celadora” y he sido testigo en severas oportunidades de cómo ajustició a aquellos que osaran toser sin taparse la boca, soplar moco tapándose una fosa y pobre de aquel que se le ocurrió soltar así como así un esputo en la vereda. A todos y cada uno de ellos hubo de regañar aduciendo a razones de salud, buen gusto y modales. Todos y cada uno de ellos, fieles a su estilo, la mandaron a la mismísima mierda.
Fue en el 152 cuando una mujer a los gritos y a mis espaldas soltó unos "hay gente que no conoce las reglas de la buena educación" aludiendo a un señor con la misma cara de zanahoria que el novio de la chica atenti de Arlt que estaba cómodamente sentado mientras una señora de unos 70 años colgaba de los agarraderos amarillos. Una vez que se dio por aludido no levantó, sin embargo, sus posaderas del asiento, sino que exhibió violentamente, y a los ojos de todos aquellos presentes, las pruebas de la razón de su falta de atino: una radiografía que, según el susodicho, evidenciaba un agonizante pinzamiento de columna. Todos nos dimos por enterados y la mujer, en un arrebato de complicidad con su espontánea aliada que resulté ser yo, me guiñaba el ojo y hacía girar su dedo sobre la sien aludiendo a "este chavo está loco".
Pero mi preferida fue Chus - vamos a bautizarla de algún modo alusivo - quien me atosigó a preguntas desde el mismísimo instante en que se desocupó el asiento contiguo. Chus quería saber si yo estudiaba música, respondí un amable "no, comunicación" y retomé la lectura. Minutos después se le ocurrió preguntarme qué leía, le contesté "cuentos" y no contenta con ello, Chus incurrió en la pregunta "¿de terror?", para rematarla con un "¿y? ¿son buenos?".
¿Cómo iba a explicarle a esa mujer que justo ese mediodía se me ocurrió repasar en el subte las historias del fanzine "Anécdotas sexuales bochornosas contadas por sus protagonistas"?

miércoles, 12 de agosto de 2009

Leí por ahí alguna vez la apreciación de no recuerdo qué autor que decía algo así como que “un semiólogo sale a caminar por la calle y resuelve juegos de significados y significantes en cada esquina”.
Se refería a que, aquel afecto a la disciplina semiótica, encuentra signos por doquier y se hace un festín si acaso se le ocurre resolver las intrincadas adivinanzas que propone el paisaje urbano.
“La ciudad no sólo funciona, también comunica”, explica Margulis en Sociología de la cultura y lo refuerza con una nota al pie de Eco agregando que “disfrutamos de la arquitectura como acto de comunicación, sin excluir su funcionalidad”.
Resulta entonces que es verdad eso que la ciudad puede leerse como un texto, cual “escritura colectiva” susceptible de ser decodificada por medio de sus calles, edificios, movimientos y hasta en los comportamientos de sus habitantes que reflejará un mundo de significaciones compartidas y construidas a lo largo de la historia.

Convencida de todo aquello, salgo a caminar por la cintura cósmica de la ciudad para toparme con sus signos, apelando al vagabundeo con espíritu abierto y perceptivo cual flâneur a lo Walter Benjamin descifrando París en 1930. O más bien uno de esos clochards con lo que entablaba diálogos y demases la Maga de Cortázar. Y justamente ahí radica el primer error, porque esto es Buenos Aires y aquello es París y por estos lares la ciudad es ilegible a juzgar por una letra cursiva apurada, tachoneada, de tinta volcada y con imágenes que se confunden unas con otras.
No hay renglones, las tipografías varían metro a metro, todo es confusión, ruido, chapitas incrustadas en el asfalto, paredes escrachadas con fibrón, chicles pegados en el cordón de la vereda y cigarrillos a medio fumar esparcidos por las baldosas que sostienen el poste de parada de colectivos.
Lo preocupante de la situación es que los ciudadanos incorporan a su manera de socialización los peculiares modos de tiempo y de espacio, de movimientos, de ritmos y velocidades del lugar donde se suceden sus existencias,es decir, la ciudad. Deducimos entonces que desprolijos, sucios, impacientes, intolerantes y despreocupados por el bien común serán estos seres.
El apocalipsis sobrevendrá el día en que los vea deambular con rayones por todo el cuerpo, con chapitas aplastadas en la frente, escupiendo chicles masticados por la nariz y que de la boca les emanen sonidos de corneta en vez de palabras.

Un semiólogo sale a caminar por la calle, vuelve a su casa tosiendo humo y gritando a los cuatro vientos ¡¿pero qué carajo significa todo esto?!

Fenómeno MarciAno

Quien suscribe, muy inocentemente, invitó por mail, forwardeando una cadena, a sus amigos más queridos con la leyenda "Vean este fenómeno marciano. Agendelón."
La mencionada cadena invitaba a todos a “mirar el cielo” el 27 de agosto, a medianoche y 30 minutos, ya que, supuestamente, el planeta Marte esa noche sería la estrella más brillante en el cielo y tan grande como la luna llena, al punto tal que “será como si la tierra tuviese dos lunas”.
Todo muy bonito hasta ahora, y ni hablar cuando el mail finalizaba con un amenazador “nadie que esté vivo podrá volverlo a ver”. Wooooow digno de un póster promocional de un film Spielberg.


Minutos después, uno de mis queridos amigos destinatarios me contesta lisa y llanamente con un recorte de un sitio de Internet:

Malas noticias para enamorados: no habrá dos lunas

José Martín Sánchez - ¿Cuál es el negocio detrás de esos mails? (que circula anunciando un fenómeno meteorológico inminente que permitirá ver `dos lunas´). Fácil: a medida que circulan los re-envíos de mails van juntando direcciones de correo electrónico para después armar bases de datos `truchas´ y mandar spam.



Totalmente derrotada, no pude más que responderle:

La conclusión a la que arribo es que, no sólo soy una de esas pelotudas que caen en engañosos mecanismos de las cadenas de mails, sino que en mi estrepitosa caída en la mismísima boludez, arrastré conmigo a todos aquellos a los que, cual cabrita inocente, invité a observar el "romántico" fenómeno y ahora mismo recibirán aluviones de correos no deseados.
...Shhhh no le cuentes a nadie...
Es tirarse un pedo en reunión e incluso exclamar un desentendido "uuuh que olor" frente a todos, pero nunca nunca asumir que esa ventosidad fue despedida por su ano
”.

Nada de flatulencias” - me consoló - “porque tuviste la delicadeza de poner a los contactos ocultos, así, las grandes coorporaciones no van a poder succionar sus almas.”

Parafraseando al benemérito San Lucilio Roque y su “nada de tirarse pedos” procuro reivindicarme, pero no me digan que no van a fijarse el 27 de agosto a 12 de la noche si no hay dos lunas ahí afuera... ah? ah?

miércoles, 5 de agosto de 2009

Me tomo un respiro e, irónicamente, voy hasta la escalera del edificio a fumar un cigarrillo y leer la cuasi biografía de Narda Lepes publicada hoy en Crítica.
El periodista le pregunta a la chef cuál es el primer recuerdo que tiene de un cocinero en la televisión, Narda responde “Utilísima” y agrega, “¿la verdad?, no pensaba que iba a terminar haciendo eso porque cuando yo miraba tele quería ser otra cosa”. A mi me pasaba más o menos lo mismo cuando miraba los noticieros.
De chica pasé de vocación monja a paleontóloga, hasta que en 4to grado una “seño” en la materia “clase” nos alentó a que escribamos en nuestros cuadernos forrados de azul una especie de noticia y yo elegí emular la que imaginé hubiese publicado algún diario allá por 1895 cuando los hermanos Lumière exhibieron en Paris por primera vez “La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir”.
Fui felicitada de tal manera que el recuerdo quedó grabado en mi memoria y a la hora de elegir una carrera a seguir opté por bucear en mi pasado y era obvio que enamorada de Jesús no estaba y tampoco me fascinaba ya la idea de desenterrar huesos fósiles.
Ahora bien, de lo que estoy segurísima es de que Narda Lepes jamás osó pronosticar que lo que le iba a pasar era esto.
Bienvenida al club, yo tampoco soñé con ser empleada pública.

miércoles, 10 de junio de 2009

Incomunicación Crónica

Resulta que me cortaron el teléfono "por falta de pago".
Nunca registré deuda alguna y, paradójicamente, hoy apenas llegué al laburo paguémicuenta.com en un arrebato de responsabilidad anticipada ya que ni siquiera estaba vencida. Realmente no entiendo, hace 2 horas y media que estoy tratando de comunicarme con C%$ro, ya escuché una y otra vez el detestable temita de Mika que aplicaron a modo de hold y no me atiende nadie. Quiero denunciarlos de alguna manera, están afectando mi existencia.
Tampoco anda el teléfono de mi escritorio, ni hablar de esta computadora que, como gran cosa, abre google.com. Llamé al de Sistemas para que venga a hacerse cargo y hace una hora aproximadamente me dijo que "estaba viniendo". Trabajamos en el mismo edificio, ¿qué le pasó? ¿acaso se quedó jugando al step en la escalera?.
Recién apareció para decirme que, como estaba ocupado, le había pedido a un tal "Sergio" que suba a arreglarla, pero al tal "Sergio" le dio vergüenza porque parece que yo le gusto. De no creer, la gente a esta altura busca cualquier excusa para no hacer su trabajo y después piquetean si lo pierden (este quizás picotea en todo caso).
Bueno, por fin en C%$ro me atendió "Verónica Cisterna" y el servicio se va a "reestablecer en el transcurso de las próximas horas". Esta empresa me está haciendo sentir que los cordobeses son hostiles porque, maldita sea, tienen su centro de atención al cliente ahí. Pensaron cuál es la provincia más querida de la Argentina, destruyamos su reputación y que el resto del país tenga un impulso asesino cada vez que escuche la tonada y así fue como se les ocurrió instalar sus oficinas en Córdoba. Y así es como se instalan las fobias.

jueves, 4 de junio de 2009

Pediculosis Tardía

Un verano en la casa de mi amiga Charito aparecieron sus primos de Mendoza y uno de ellos se sentó a la mesa a comer luciendo una remera de "Los Piojos". Los únicos piojos que conocía yo a esa corta edad eran los que tenía en la cabeza y a los que los comunicados del colegio se ufanaban en generalizar como "pediculosis". Tanta vergüenza me daba tenerlos que no podía entender cómo una persona podía jactarse de los mismos y andar exhibiendo el nombre de mis enemigos en su indumentaria así como así. Luego supe que Los Piojos era una banda y en el barrio ya se escuchaban en las juntadas cuando contaba con unos aproximados doce años. Por aquel entonces salió "Azul" que fue el primer y único disco original que anduvo yirando por casa y que llegó de mera casualidad: un amigo de mi hermano se compró un minicomponente (así les decíamos en esa época) y el disco estaba adentro de la compactera (también le decíamos así).Mi hermano los escuchaba hacía rato y mi hermana los había adoptado hace poco, entonces mi hermano decía que mi hermana se hacía la nosequé porque le robaba los cassettes para escucharlos. Y después yo también hice lo mismo, pero de mi no se quejaba porque él fue uno de los que siempre me instruyó en la música desde que me hacía repetir los temas de Todos Tus Muertos y me tomaba lección.Los Piojos me catapultaron hacia todo un resto. En cada recital formaba parte de una tribu antes impensada, de una comunión junto a mis amigos del barrio y una masa anónima en la cual yo era una más. Recuerdo haber saltado un vallado para subirme al escenario y resultar expulsada por los guardias, de haberle pedido a cuanta espalda encontraba que me suba a los hombros para agitar desde arriba, de haber fantaseado con banderas que nunca confeccionamos y de haber recitado a los gritos "El Balneario de los Doctores Crotos" hasta quedar sin aliento. "Gris" era el tema que me dedicó un chico que me gustaba y luego con "A veces" nos dimos nuestro primer beso, "Tercer Arco" era nuestro disco fetiche con mi mejor amigo y detesté siempre que a la letra de "Verano del 92" la reemplacen por cánticos de egresados yendo a Bariloche. Mi consciencia adolescente me dictaba que ése era el camino derecho a la rebeldía, que estaba practicando el famoso aguante y me creía ser parte de algo que estaba vedado al resto.Luego el frenesí se calmó y de pronto me di cuenta que había dejado de escucharlos, acaso reemplazados por nuevos discos, quizás fue el hartazgo, el hecho de explorar otros géneros, vaya uno a saber.No estaba en mis planes ir al último recital hasta que una amiga me pidió por favor que la acompañe. Lo que nunca imaginé es que el favor acabaría haciéndomelo ella a mí. Esa noche en River (y en toda la ciudad) hacía un frío de cagarse y yo me sentía de nuevo con 14 años. Me debatía entre disfrutar ese show porque era el último o dejar de hacerlo justamente por la misma razón. No me lo planteé más, me olvidé hasta de la sensación térmica y salí a buscar ese frenesí perdido. Lo encontré, casi intacto entre las letras, las frases alusivas y el entusiasmo ajeno contagiado. "Tenemos que cortar por disposiciones municipales" fue la última frase de Ciro sobre el escenario. No era precisamente lo que esperaba como cierre, pero mi aguante a esa altura ya estaba satisfecho y la emoción de este inesperado repaso por los años más desaforados de mi vida se vio sólo mermado por la posterior y eterna caminata por Avenida Cabildo para buscar un taxi y volver al calor de una vez por todas. Las piernas me dolieron por los próximos 3 días, sin embargo, el loco aplaude contento.