viernes, 6 de febrero de 2009

A Mi Pesar

El cuento lo encontré en la revista La Nación del domingo y, a pesar de que lo escribió una mujer supuestamente metiéndose en la cabeza de un hombre, escapa a las diferencias de género y, obviando la parte de tetas, esmalte de uñas, atendida de teléfono y movimiento de manos porque las mujeres NO me gustan (no chicas, lamento desilusionarlas), retrata casi a la perfección algo que suele sucederme a menudo.
Quizás todavía soy pendeja y no se absolutamente nada sobre el amor, podrán decir algunos.
Éste es un pequeño extracto que ilustra lo que intento explicar:

Un lunar, un vestido, un anillo, una carcajada, tetas grandes o chicas, el color del esmalte de uñas, el modo en que una mujer atiende el teléfono o mueve las manos: uno siempre se enamora y se desenamora de detalles. Nadie se pelea con la novia por haberle descubierto un gran vicio, por descubrir que es fan de Tinelli o de Neustadt o por saberla víctima de una enfermedad incurable y contagiosa; las razones del amor y del desamor son mínimas y aveces inescrutables. Un gesto, una palabra, una observación desubicada pueden precipitar la catástrofe. No voy a ser tan imbécil como para desenamorarme por eso, me digo.. Pero de noche no puedo dormirme, el corazón se me acelera: ese detalle, ese maldito detalle se repite una y otra vez en la memoria; el timbre de su voz, una frase, una sola palabra me taladra el corazón (...)
Y ya no puedo hacer nada para revertir la situación. Entonces invento una excusa y vuelvo a ser libre, a mi pesar.



2 comentarios:

  1. El que se conforma con poco, con poco se desconforma...

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  2. Extrañamente, uno termina extrañando los defectos, o pequeños vicios o imperfecciones de la otra persona, a veces más que las cosas que te gustaban.

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